El comienzo del año 2008 mostraba la consolidación del
crecimiento mundial, liderado por China e India y el fuerte aumento de los
precios de las comodities agrícolas, impulsados principalmente por el aumento
de la demanda de alimentos y por las deficientes cosechas que redujeron los
stocks mundiales.
Para aumentar la producción de alimentos en forma
sustentable, optimizando el uso de los recursos naturales, una de las
herramientas esenciales con que contamos es la disciplina del mejoramiento
genético vegetal. La llamada Revolución verde es un claro ejemplo del enorme
potencial de esta actividad definida como la ciencia y el arte aplicados al
desarrollo de mejores plantas y cultivos. El aumento de productividad de un
cultivo a través del tiempo está determinado por una componente genética
(nuevas variedades o híbridos) y por una componente ambiental (agroquímicos,
siembra directa, etc.). Cuando mediante experimentos especialmente diseñados se
discriminan ambos efectos se puede identificar la ganancia genética lograda en
un periodo dado. Así ganancia genética es el aumento de productividad logrado
por un programa de mejoramiento luego de uno o varios ciclos de mejora.
Trabajos realizados en varios países y en diferentes
cultivos, muestran que la ganancia genética explica alrededor del 50% de los
aumentos de productividad de los principales cultivos durante el último medio
siglo. En el gráfico se muestran las curvas de rinde nacional para maíz, soja,
trigo y girasol durante los últimos cincuenta años.
El cultivo de maíz muestra una mayor tasa de crecimiento
(340%), la que se aceleró en las últimas dos décadas principalmente por la
adopción de híbridos simples y la siembra directa en los años ochenta y por el
advenimiento de la biotecnología a partir de los años noventa.
El cultivo de soja que creció un 250% en cincuenta años
también se vio favorecido por la siembra directa y la biotecnología (variedades
RR). Sin embargo, la gran expansión que tuvo el cultivo hacia zonas más
marginales fue seguramente en detrimento de los rindes promedios.
Los rendimientos de girasol y trigo crecieron 230% y 180%
respectivamente entre 1960 y la actualidad, siendo dos especies en las que no
hay desarrollos biotecnológicos y en los que la inversión en mejoramiento
genético es menor.
Así vemos que el aumento de productividad durante las
últimas décadas se duplicó en el caso de girasol y trigo y se triplicó en maíz
y soja.



